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La terapia craneosacral (TCS) al
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Descripción
La percepción del movimiento respiratorio primario (MRP) representa el punto de partida del diagnóstico y del tratamiento en la terapia craneosacral. Este movimiento es independiente de los otros ritmos corporales (latido cardiaco, respiración pulmonar, etc.), es involuntario (no depende de la voluntad individual), es rítmico y automático. Se supone que este ritmo independiente se inicia en el feto y se mantiene hasta el final de la vida. Incluso minutos y horas después de la muerte clínica, aún puede palparse este ritmo, al contrarío de lo que ocurre con los ritmos respiratorio y cardiaco.
Es
un ritmo corporal independiente de los ritmos respiratorio y cardiaco y presenta
una frecuencia de 6 a 12 ciclos por minuto. Los niños tienen una frecuencia algo mayor que los
adultos. Este ritmo se manifiesta en
todo el cuerpo en forma fases alternas de expansión y retracción muy
sutiles. La formación de este ritmo no se ha explicado de
forma definitiva a pesar de los numerosos estudios e investigaciones. Sin
embargo, diferentes investigadores han constatado separadamente la existencia
de este ritmo. En numerosas ocasiones se ha establecido también la
importancia de este ritmo para el bienestar del cuerpo y su relación con la
salud y los mecanismos de regulación de esta.
Constituye un mecanismo de regulación para todo el cuerpo, participando en el mantenimiento de la homeostasis, la salud y la autocuración del organismo.
El MRP se manifiesta como:
· Fases alternas de mayor y menor tensión en el sistema de membranas y fascias, lo que origina un movimiento de estas que se transmite a los huesos del cráneo y de todo el cuerpo. · Movimiento del sistema nervioso central (SNC). · Movimiento de todos las estructuras del cuerpo, incluso de las más periféricas y de los órganos, vísceras, sistemas nervioso, circulatorio, etc.... · Producción y reabsorción del LCR, a partir de la sangre, en los plexos coroideos y en las vellosidades aracnoideas. · Bombeo constante en la cabeza y en el sistema linfático, que provoca un drenaje de líquidos que favorece la circulación de retorno. A
través de las membranas intracraneales, el MRP se trasmite a los huesos
craneales. La forma de las suturas craneales y de las membranas durales
determina aquí el movimiento de los huesos craneales. A través de la duramadre espinal, la prolongación de las membranas intracraneales, el movimiento se trasmite a la columna vertebral y al sacro. A
través de las fascias, el movimiento se trasmite a todo el cuerpo por
medio de estas estructuras de tejido conectivo que se extienden de forma
continuada desde el cráneo hasta las plantas de los pies y forman vainas,
envolturas para cada órgano, cada vaso, cada nervio, cada músculo del cuerpo.
Las fascias forman una estructura interrelacionada
la cual une todas las estructuras del cuerpo, sin solución de continuidad. Las fascias en condiciones optimas disponen de un cierto grado de movilidad. Gracias a ello, el ritmo craneosacro puede ser transmitido a través de las conexiones fasciales y cadenas musculares desde el centro hacia la periferia, desde su origen hasta su manifestación palpable externa, es decir a todo el cuerpo.
El MRP, que es una de las manifestaciones físicas de la energía vital oscila constantemente entre fases alternas Yang e Yin y provoca un constante bombeo sobre los fluidos del cuerpo, como la sangre, la linfa, los humores y sobretodo el liquido cefalorraquídeo (LCR): este ultimo está en contacto con el líquido extracelular a través de conexiones con los microtúbulos del tejido conectivo, con lo cual se extiende por todo el cuerpo. Las características hidrodinámicas del LCR, así como los procesos de intercambio entre el LCR y los líquidos extracelulares, junto con la continuidad de las meninges en las fascias corporales, permiten que este sutil movimiento represente una gran ayuda a la circulación sanguínea, linfática y de los líquidos corporales en general. Todas las células, tejidos y sistemas orgánicos son rítmicamente movidos y drenados de esta forma. Este sutil movimiento rítmico contribuye de forma determinante a que se produzca un intercambio rítmico de sustancias y líquidos entre las células. Fases de inspiración y espiración del MRP El
ritmo craneosacral, al contrario de lo que ocurre con los ritmos cardiacos y
respiratorios, es relativamente constante y no se altera cuando se
realiza un ejercicio físico o se descansa. El MRP, al igual que la respiración pulmonar,
provoca un constante movimiento del cuerpo.
En la respiración pulmonar el motor de estos movimientos es el diafragma, mientras en el MRP lo es el rítmico pulsar energético entre fases Yang y Yin.
En la respiración pulmonar hablamos entonces de movilidad (con V) mientras en el MRP de motilidad (con T).
En
la fase de inspiración el cráneo se vuelve más ancho y plano.
·
En la fase
espiratoria, los ventrículos cerebrales se vacían. Esta fase también se
llama de contracción. En la fase de espiración el cráneo se vuelve
más estrecho y alto. La
fase de inspiración se denomina también flexión y la fase de
espiración extensión. Se
emplean ambos términos indistintamente. Inspiración es igual flexión y espiración a extensión
·
En la fase de
espiración, el cuerpo lleva a cabo una extensión y una rotación
interna: las estructuras de la línea media se colocan en extensión, y las
estructuras bilaterales en rotación interna, es decir que todas las
estructuras realizan una vuelta a la posición inicial.
Para aclarar la terminología, se adjunta una tabla de las diferentes nomenclaturas que pueden emplearse para las dos fases del MRP:
El cuerpo y el MRP
Todo el
cuerpo participa del MRP puesto que todas las estructuras, hasta las células
más pequeñas, vibran al rítmico alternar de la energía vital y son recorridas
por un constante flujo energético, que se expresa con este movimiento (ya que
sabemos que la energía es movimiento). En el cráneo los pequeños movimientos de
huesos, membranas, liquido cefalorraquídeo y cerebro son objeto de estudio
detallado por la gran importancia que estos tienen en relación a la salud ya
que controlan gran parte del sistema
nervioso central y los efectos de las técnicas son muy poderosos a este
nivel. La motilidad del cerebro: El cerebro como todo órgano de un ser
vivo, posee un movimiento propio activo e inherente, la motilidad. Es un
movimiento lento y rítmico, de repliegue y despliegue, de los hemisferios
cerebrales. Durante una fase se acorta el diámetro longitudinal, mientras que
se ensancha lateralmente; en la segunda fase aumenta su diámetro longitudinal
y se acorta el lateral, de acuerdo al movimiento general del cráneo. Algunos terapeutas opinan que este movimiento tan
sutil constituye una especie de repetición rítmica del movimiento que
realizan los tejidos y órganos durante el estado embrionario. El crecimiento de los hemisferios cerebrales hacia
el frente fue frenado por el hueso frontal, de forma que durante el
desarrollo se han enrollado como si fueran unos cuernos: cuando se formaron,
se movieron en dirección descendente (lóbulo frontal), en dirección posterior
(lóbulo parietal), en dirección ascendente (lóbulo occipital) y en dirección
anterolateral (lóbulo temporal). De esta forma se explicaría el movimiento de
repliegue y despliegue del cerebro, que es perceptible a través de las
estructuras óseas. La fluctuación
del LCR: El líquido cefalorraquídeo (LCR) circula al interior del
cráneo en los cuatro ventrículos y en el espacio subaracnoideo, de la misma
forma que lo hace en la columna vertebral.
Se produce en los plexos coroideos,
especialmente en los ventrículos laterales, siendo reabsorbido en las
vellosidades aracnoideas por el sistema venoso. La fluctuación del líquido
cefalorraquídeo consiste en una fase de llenado y vaciado rítmico de los
ventrículos. El LCR se expande no solamente por el cerebro y la médula
espinal, sino también por los microtúbulos de las fascias corporales de todo
el cuerpo. Los microtúbulos son fibras huecas de colágeno con un diámetro de
aproximadamente 0,5 μm (micras). Las membranas intracraneales e intraespinales se
prolongan a través de los numerosos orificios de salida de los nervios (en el
cráneo y la columna vertebral), y las vainas de los nervios que allí se
originan. De esta forma, el líquido cefalorraquídeo entra en el sistema
extracraneal a través de estas vainas nerviosas. Desde las vainas, el líquido
entra en contacto con los espacios extracelulares y la linfa a través de
microtúbulos. La motilidad de las membranas: Estas membranas
(hoz del cerebro y del cerebelo, tienda del cerebelo, duramadre espinal)
están formadas por fibras de colágeno muy bastas y son en gran medida poco
elásticas y muy fuertes. Sutherland las denominó "membranas de
tensión recíproca". Su principal función es la de proteger el
sistema nervioso. Gracias a la tensión que ejercen sobre los huesos del cráneo y el
sacro, hacen posible la motilidad de los mismos. Las membranas reciben los
impulsos rítmicos del MRP, provenientes del interior del cuerpo "como
las velas cazan el viento", los transmiten hacia estos huesos y
coordinan de esta forma su movimiento involuntario. Cuando una membrana
cualquiera es sometida a tracción, se producen cambios de adaptación en otras
membranas, puesto que todas están conectadas, con un elevado índice de
dependencia entre ellas. Este sistema de membranas es responsable de que los diferentes huesos
del cráneo, el sacro y todo el cuerpo se mueva de forma uniforme durante las
fases de inspiración y espiración del MRP. La motilidad de
los huesos del cráneo: El cráneo está formado por 22 huesos craneales (28
incluyendo los huesecillos del oído), que dan lugar a más de 100 uniones
entre ellos. Las suturas entre los huesos permiten que exista una pequeña
posibilidad de movimiento y pueden separarse cuando están sometidas a presión
o tracción. Además de ello, cada uno de los huesos del cráneo de un ser vivo,
cuenta con un cierto grado de flexibilidad y maleabilidad. Gracias a ello,
cada hueso tiene una motilidad mínima pero significativa que, dependiendo de
cada persona, se sitúa entre los 12 y 25 μm (micras, millonésima parte
de un metro, es decir milésima parte de un milímetro).
Las superficies articulares permiten esta motilidad
de los huesos del cráneo. La sincondrosis esfeno-basilar - SEB
puede considerarse el centro del esqueleto óseo del cráneo. Los huesos
craneales periféricos se adaptan de forma uniforme a los sutiles movimientos
del hueso occipital, esfenoides y etmoides. En la fase de
inspiración, se produce una flexión de los huesos en la línea central
y una rotación externa de los huesos de la periferia. En la fase de espiración
se observa una extensión de los huesos en la línea central y una rotación
interna de los huesos de la periferia. Los leves movimientos de los huesos del cráneo
pueden ser percibidos y valorados mediante la palpación por el terapeuta craneosacral. La motilidad del
sacro: La duramadre
espinal, que se origina en el agujero occipital, se inserta a la altura de la
primera o segunda vértebras sacras, en el interior del canal del sacro.
Debido a que la duramadre espinal constituye la prolongación de la duramadre
craneal, la motilidad craneal se transmite directamente al sacro. En la fase de inspiración
del MRP, el agujero occipital se mueve en dirección antero-superior,
ejerciendo de esta forma una ligera tracción sobre la duramadre espinal, que
es impulsada hacia arriba. Este movimiento de la duramadre espinal, causa un
movimiento de flexión en el sacro: En la fase de inspiración del MRP, la base
del sacro (parte superior) se mueve en dirección posterior y el vértice
(parte inferior) en dirección anterior. El sacro se endereza,
verticalizandose. En
la fase de espiración del MRP ocurre todo lo contrario; el occipital
retorna a su posición original y la duramadre se mueve en dirección inferior
provocando un retorno del sacro a la posición de partida; la base del sacro
se mueve en dirección anterior, el vértice se mueve a una posición
posterior. Vemos
como el sacro se mueve sincronizadamente con el hueso occipital y como ambos
se relacionan mutuamente. Es un hecho que las disfunciones del sacro
repercuten en el occipital y viceversa. Todo
movimiento que realiza la nuca (occipital) es seguido por el sacro. Esta
relación es importante para entender las disfunciones del cráneo
(especialmente de la región occipital y del hueso esfenoides) que puedan
tener efecto sobre el sacro y las disfunciones del sacro que puedan influir
sobre el cráneo. Por ejemplo, una torsión de la articulación situada entre el
esfenoides y el hueso occipital (SEB) puede provocar también una torsión del
sacro (que a su vez puede provocar un dolor lumbar) y viceversa. Todo el organismo está involucrado en el
movimiento respiratorio primario, pero las estructuras craneales, medulares y
de la pelvis son las que más directamente se relacionan con el MRP. Cada una de estas estructuras puede estar
afectada e influir negativamente sobre el rítmico e involuntario movimiento
craneosacral. Una restricción en alguna de estas estructuras tiende a frenar
o alterar la libre expresión energética del MRP, con repercusiones locales y
a distancia. Cualquier trastorno de cualquier parte del cuerpo puede alterar
y modificar la fuerza, simetría o calidad de las estructuras craneales. Cada una de estas estructuras puede ser tratada y normalizada de forma específica. El movimiento respiratorio primario, puede considerarse un mecanismo homeostásico que interrelaciona y mejora el equilibrio entre las estructuras del cuerpo y, por tanto, permite un funcionamiento óptimo de los órganos. La motilidad de todos los
órganos: No solamente el cerebro,
sino todos los órganos del cuerpo poseen una motilidad característica, bien
definida por planos y ejes de movimiento, que será estudiada en el apartado
de los órganos. Conocer la motilidad correcta nos permite comprobar cuando
esta no se realiza de forma normal, y determinar si existe una patología o
disfunción en el órgano considerado. La motilidad es amplia, fuerte, simétrica,
con buen ritmo y calidad cuando el órgano en particular y todo el organismo
en general, gozan de buena salud, mientras se debilita (pierde fuerza) o
manifiesta una calidad pobre cuando existe enfermedad crónica, que tiende a
debilitar todo el cuerpo. Por otro lado, aparecen alteraciones de sus ejes
fisiológicos de movimiento, cuando existen adherencias o fijaciones del
órgano a las estructuras adyacentes, que frenan y desvían el movimiento
normal. Este
ritmo vibratorio, es otra manifestación del MRP, que expresa la energía vital
del organismo. La motilidad de todas las
fascias: todas las fascias se
mueve en este rítmico alternar entre las dos fase de expansión y retracción,
lo que hace que todo el cuerpo esté bajo la influencia del MRP. Esta
particularidad es aprovechada en TCS para el tratamiento de todas las
estructuras, como huesos, músculos, articulaciones y fascias para valorar la
libertad de movimiento de las mismas y trabajar sobre tensiones o bloqueos
que pudieran existir, conformándose así la base para una terapia completa. Así
en cualquier estructura del cuerpo podemos emplear los mismos principios de
diagnostico y tratamiento del cráneo, basándonos en la información que
trasmiten los tejidos sobre la base del MRP; cualquier tejido que sufra de
tensión anormal, por ejemplo, lo reflejará en el MRP que se mostrará
desequilibrado. Con
la palpación del MRP podremos realizar un diagnostico preciso de las áreas
del cuerpo debilitadas, dañadas o bloqueadas, independientemente de las
causas, percibiendo la mayor o menor fuerza del mismo. En algunas
disfunciones importantes, la motilidad desaparece casi por completo, siendo
este un síntoma de gravedad de la lesión. Además
con técnicas similares a las craneales, podremos realizar una corrección de
bloqueos, disfunciones y tensiones de distinta índole, restablecer la
correcta motilidad y favorecer el libre flujo energético que es la base de
una salud plena y completa. El tratamiento integral de las fascias corporales
representa un método para regular el equilibrio nervioso, eliminar tensiones,
relajar en un nivel profundo y de esta forma mantener la salud. |